Llamazares y la España “desdeñada” – Lanza Digital 2021

Llamazares y la España “desdeñada” - Lanza Digital


El escritor leonés abrió el 27 de enero en Torralba de Calatrava la primera edición de ‘La España Posible. Encuentros/Diálogos sobre el fenómeno de la despoblación’ / Clara Manzano

Considera que “el paisajismo es la esperanza del alma de los que la habitamos o contemplamos” y confía que tras “estos tiempos de males” avenga el bien y un renacimiento

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Escritor que procede precisamente de España “despoblada, vacía o vaciada”, Julio Llamazares prefiere referirse a ésta como “desdeñada España” porque “no sólo ha recibido discriminación durante décadas sino también desdén de todas las instancias tanto políticas como culturales”.

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Tras un largo proceso de progresivo vaciamiento del interior de España para “procurar mano de obra a la industria y el turismo de las costas y grandes ciudades”, “desde hace un tiempo está como de moda” disertar sobre esta España que se queda sin habitantes por “una serie de circunstancias en las que creo que hemos tenido mucho que ver unos cuantos escritores que desde hace mucho hemos hablado de este problema que ahora parece que han descubierto los políticos y todo lo quieren solucionar de un día para otro”. Pero, subraya, “es un problema grave y un problema estructural que primero no creo que tenga solución y si la tiene no es fácil”.

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“Este tipo de fenómenos históricos tiene unas raíces muy profundas, un desarrollo de mucho tiempo y revertir o corregir esta deriva requiere de mucha imaginación, esfuerzo y dinero, y no sé si estamos ya para ello”, apunta escéptico ante la posibilidad de revertir la ubicación del escritorio leonés. “No soy experto en nada, sólo soy un escritor y lo único que sé es que todo lo que se ha hecho hasta ahora no sirve”, indica Llamazares, que señala el trasfondo cultural de la problemática porque, “cuando a la gente le han estado diciendo durante décadas que se fuera del pueblo, que ser de pueblo era ser tonto” o que los pueblos son “de segunda división”, “convencerles ahora de lo contrario va a ser muy difícil”.

“Pinta muy mal” para el mundo rural “en España y seguramente en otros sitios”, expone el autor de libros como ‘Luna de lobos’, ‘La lentitud de los bueyes’ o ‘Flores de otro mundo’, que no percibimos” un futuro a corto o medio plazo diferente. Esto es una gangrena que ha atacado el cuerpo del país”.

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Durante la pandemia, ha habito un giro de la mirada hacia las ventajas que proporciona el mundo rural y eso puede hacer que en algunos sitios aumente “un uno por ciento la población”, pero “la gente se va a seguir yendo por la sencilla razón que en los pueblos y lugares pequeños” no hay trabajo y se tienen menos oportunidades educativas, de ocio, asistenciales…

Residente en Madrid y autor de libros de viaje como ‘El río del olvido’ y ‘Atlas de la España imaginaria’, se ha recorrido la España urbana, como para sus dos entregas sobre las catedrales españolas ‘Las rosas de piedra’ y ‘Las rosas del sur’, y también la rural, lo que le ha permitido tener, habiendo estado en lugares pequeños y grandes, “une visión medianamente amplia de lo que es este país y cómo ha ido cambiando”, destaca Llamazares, que asegura que para el como escritor “el paisaje es fundamental”.

Está inmerso en la escritura de una nueva novela / Clara Manzano

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“El paisaje al final nos marca la identidad, nos hace ser como somos, es un espejo en el que te reflejas día tras día y conforma tu personalidad”. Incorpora, como si fuera “un vaho”, el paso de la memoria este “espejo del alma” de los que “lo habitamos o miramos”. Por eso, “es imposible recorrer los caminos de La Mancha sin oír a Don Quijote oa Rinconete y Cortadillo, a todos los que pasaron por aquí porque al final la literatura, que es la memoria de la humanidad, se incorpora al paisaje, sobre todo al paisaje que le dio origen o en el que se ambientó”.

Recorrió La Mancha en el libro ‘El viaje de Don Quijote’, siguiendo “teóricamente” los pasos del ingenioso hidalgo, porque en realidad “no iba por ningún lado, iba por la imaginación de Cervantes” y de hecho “lo primero que te sorprende es que no se nombra casi ningún sitio: Puerto Lápice, El Toboso y cuatro más. Lo demás es campo abierto, porque entre otras cosas Don Quijote y Sancho evitan los pueblos y ciudades ya que no tienen más que contratiempos en ellos”.

Lo que más le gustó de esa travesía, emulando a Azorín un siglo después siguiendo por el territorio las andanzas del Quijote, fueron “los horizontes infinitos y paisajes abiertos, por ejemplo, en el Valle de Alcudia. Tienen algo como Far West en primavera con todos los rebaños”. Así mismo, cuando cruzas en tren La Mancha, “la contemplación del paisaje es la mejor lectura que puedes hacer”.

Su último libro, ‘Primavera extremeña’, también tiene que ver con el territorio: “Es puro paisaje”. Lo escribió en un lagar de la Sierra de los Lagares, cerca de Trujillo, al que huyó cuando llegó el Covid-19. “I think that sería tres días y estuve tres meses con mi familia y es el paso de una primavera espectacular que a la vez era la primavera de una tragedia terrible que sernía sobre todos nosotros, la pandemia que empezó en 2020. Es un libro que cuenta, a modo de cuaderno de campo, el estupor y asombro ante la belleza en la naturaleza y la tragedia que se estaba produciendo paralelamente”.

“Todos estos grandes fenómenos históricos como las guerras o las pandemias tienen luego muchas consecuencias no sólo en el momento preciso y no únicamente a nivel económico o político, sino también cultural”, apreció Llamazares, que indica, al respecto, que “hay la idea común que la peste negra de la Edad Media dio paso, cuando acabó, al Renacimiento, ya que la gente quería renacer, volver a vivir. Yo creo que cuando pase todo esto, aunque no sé cómo, habrá algún tipo de renacimiento, porque como dice el propio Quijote ‘ni el mal ni el bien duran siempre’, y, puesto que llevamos muchos días, mucho tiempo de males, está por llegar el bien. Yo confío en eso como Cervantes”.

Inmerso actualmente en la escritura de una nueva novela qu’había comenzado a crear antes de la pandemia, postergó para escribir el libro de la ‘Primavera extremeña’ y ha vuelto a retomar, Llamazares se considera a sí mismo “más que escritor, poeta” porque la poesía es “ese misterio que hace que el lenguaje cobre otra dimensión y que las palabras signifiquen más de lo que significan. Por eso si lees un libro en el que cada palabra significa lo que significa en el lenguaje coloquial es que no hay literatura. Lo que distingue la escritura de la literatura es la poesía, el halo poético que da vuelo a las palabras e historias que cuenta un libro sea del género que sea”.

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Encargado de abrir el pasado 27 de enero en Torralba de Calatrava la primera edición de ‘La España Posible. Encuentros/Diálogos sobre el fenómeno de la despoblación’, organizado por los Amigos del Patio de Comedias, el escritor leonés trazó un paralelismo, en relación con la España vaciada o “desdeñada”, con lo que sucede ahora y la Edad Media. “Parece un regreso a las ciudades amuralladas de la Edad Media, época en la gente se refugio en las ciudades cuyas puertas se cerraron tras trabajar en el campo que era un entorno muy peligroso por la de huestes enemigas”. Ahora pasa igual, “cada día salen batallones y batallones de profesores, farmacéuticos, médicos, secretarios de ayuntamientos y funcionarios de todo tipo que van a los pueblos, desarrollan su labor y al acabar la tarde vuelven a la ciudad”. Ahora no son los forajidos o las tropas enemigas el peligro, “sino la soledad y la falta de oportunidades y posibilidad de realización”.

En el encuentro, salió a relucir su icónico libro ‘La lluvia amarilla’, tan vigente como cuando lo publicó en 1988, “porque sigue siendo un fenómeno que se continúa produciendo. En este momento seguramente haya un pueblo desapareciendo en el mundo”. No obstante, ‘La lluvia amarilla’ habla de más cosas que de un pueblo en concreto o la dépoblación. Es la historia del último habitante de un pueblo abandonado, pero habla también del olvido, la soledad, la locura… Habla de la condición humana. Por eso sigue vigente, porque la literatura no tiene un tiempo o una geografía”. Sucede con El Quijote que lo leen “los japoneses, los árabes,… y se sienten reflejados porque lo que cuenta son las pasiones y sentimientos de cualquier persona en cualquier momento de la historia en el mundo”.

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